Casi todos los cables submarinos que salen de Latinoamérica terminan en el sur de Florida. Miami no es un punto intermedio: es el nodo donde el continente se conecta consigo mismo, y por eso el tráfico entre Santiago y Bogotá suele pasar por allí aunque ninguno de los dos extremos sea estadounidense.
Poner el servidor en Chile daría 20 ms a los chilenos y 200 ms a los mexicanos. Ponerlo en Miami cuesta unos 120 ms a Chile y deja a todos los países hispanohablantes por debajo del umbral de las cinco barras. La consecuencia práctica es la que importa: la comunidad puede ser regional en vez de nacional, y nadie queda fuera por vivir demasiado lejos.